Nuestra trinchera es vuestra trinchera

Aquel que nos conoce por primera vez, sospecha. Y es normal. Ve un sindicato al que no le importan las horas sindicales, que cambia las figuras de líderes y dirigentes por la de portavoces o representantes, que pone en sus bases la toma de decisiones que a veces resultan contrarias a la voluntad de esos mismos representantes, que no tiene liberados ni los va a tener. No puede ser, dicen. Estos del STS-C son humo.

Quien no nos conoce nos mira con recelo. Que nuestros portavoces no cobren un duro, que consideren secundarias las horas sindicales y que saquen tiempo de sus familias y sus vidas para dárselo, a cambio de nada, a sus compañeros/as …… TIENE QUE SER MENTIRA

En el STS-C tenemos muchos defectos. Tantos, que listarlos se convertiría en una interminable letanía de “mea culpas”. Se nos puede acusar de testarudos, de radicales, de ser más partidarios de la lucha que de la negociación. Se nos puede señalar diciendo que ya no es época de idolatrar conceptos utópicos como “clase, unión y lucha obrera”. Acusadnos, si queréis, hasta de ser unos ilusos cuyos objetivos están más cerca de lo irrealizable que de lo terrenal.
Tenemos mil defectos, y los seguiremos teniendo, pero ser “vendehúmos” no es uno de ellos. Ahí están nuestros logros, que siempre empezaron por un sueño. Se han conseguido pluses en servicios como FGC, a costa de huelgas que han durado meses, frente a empresas que parecían poderosas, hasta que vieron que nosotros éramos muchos y ellos apenas unos pocos. Hasta que trabajadores y empresa se dieron cuenta que los Vigilantes dan de comer a las empresas, y no al revés. La solvencia de nuestros métodos, de la huelga, de las concentraciones, de la presión sin límite al empresario explotador, está más que contrastada.
Cuando un empresario le levanta la mano a un trabajador, nosotros se la mordemos. Por desgracia, otros no, porque esa mano les da de comer.

Venid, si queréis, a nuestra trinchera, en la que en vez de sillones hay sudor, en vez de liberados hay lágrimas y en vez de cenas con empresarios, noches sin dormir. Porque no nos movemos de nuestra trinchera. Porque tenemos claro que el enemigo está en su despacho, disfrutando de los enfrentamientos entre sindicatos por las migajas de las horas sindicales, y porque ninguna mariscada pagada por los jefes nos sabe mejor que ponerles una denuncia.
Creemos que nuestra trinchera es vuestra trinchera y, por ello, os invitamos a venir.
O seguid justificando vuestra buena vida diciendo que nosotros somos unos “vendehúmos” y que esta realidad no existe.



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